
SATEMENT
Artista visual que combina su formación como diseñadora de interiores para explorar temas como el equilibrio entre el control y el azar, la asimetría de la vida, el cambio y la adaptabilidad.
Investiga cómo el rigor geométrico trasciende las narrativas y dónde empieza la indeterminación, la intuición y la espontaneidad. Emplea las técnicas mixtas, integrando dibujo, pintura y escultura, como transmutación de una idea a distintos soportes de expresión y reconfigurando sus comportamientos.
Dibujó y pintó desde muy temprana edad, se formó en talleres de distintas disciplinas y paralelamente trabajó como Interiorista y luego de un largo recorrido, hoy tiene su taller en Colegiales, Buenos Aires City, donde fusiona técnicas mixtas.
Desde su perspectiva, crear arte es un acto profundamente espiritual donde la abstracción geométrica se convierte en un lenguaje generoso para emociones que superan las palabras.
Su trabajo opera como un algoritmo analógico: una geometría que se desarrolla en el tiempo y el espacio, transmutando del dibujo a la pintura, la escultura o la instalación con polígonos irregulares y reconfigurando el comportamiento de una manera lúdica a través de la permutación angular.

PALABRAS DE LA ARTISTA
A menudo me preguntan por qué elijo el rombo y los polígonos irregulares; mi respuesta es que ellos me eligieron a mí. Al silenciar el ruido teórico, comprendí que mi práctica es una exploración de los límites entre la idea y el azar.
Utilizo la permutación —reordenando, rotando y reflejando estas formas— para capturar un equilibrio dinámico donde la falta de simetría vibre con un impacto visual rítmico.
Cada obra es el testimonio de un proceso: un código propio, donde las reglas iniciales determinan la estructura hasta arrojar un resultado final que puede ser aleatorio e inesperado. Es, en esencia, la expresión del orden en el caos.
No veo la geometría como algo puramente racional. Aunque mis estructuras son rigurosas, el ritmo, el contraste y la modulación del color evocan sensaciones profundas.
Figuras como el triángulo, el rombo o el abanico son elementos, reducidos a lo esencial, que evolucionan de mi proceso mental para enfatizar la organización interna. En este sistema, la intuición juega un papel clave para equilibrar el control y la indeterminación.
Mi obra es una invitación a la subjetividad del espectador. Lo que comienza como una idea mínima se intensifica en su desarrollo hasta trascender en potencia emocional.
Espero que las estructuras hablen por sí mismas y que cada persona complete la obra, ya sea como una narrativa o como un conjunto simultáneo de piezas de un sistema interconectado.
